martes, 12 de junio de 2007

Colombia en contravía


Opinión de Mario Quadros*
Especial para Un Pasquín

El debate del Senador Gustavo Petro sobre el narcoparamilitarismo en Antioquia mostró cómo Colombia camina políticamente en contravía de la historia. En mi opinión, Colombia está equivocada en términos de su futuro. Sólo ahora se da cuenta de que la situación política de Estados Unidos y del país son antagónicas. La llamada opinión pública continúa hipnotizada o enceguecida, como en la novela de José Saramago, por los pseudoéxitos de la política de seguridad del gobierno y por un crecimiento económico que en nada cambiará la realidad social del país. No es crecimiento es hinchazón.

Sin embargo, la cuestión de fondo en todo esto, es para dónde va Colombia en el ámbito político. Creo que una respuesta es ese cuento de mostrar a Colombia como socio estratégico de Estados Unidos, en lo cual hay una gran distorsión. Los socios de los norteamericanos en la región fueron, son y serán siempre Brasil y Venezuela, por los grandes intereses económicos en juego. En los años setenta los americanos ya decían: “Para donde camina Brasil camina América Latina”. En aquel entonces Brasil fue usado para influenciar y promover los golpes militares en el Cono Sur.

Que Colombia tenga el problema de la droga (ni siquiera de la guerrilla) y que sea esa una preocupación para Estados Unidos, es una cosa; pero la posición servil frente a los americanos sólo confirma un dicho de mi abuela: “Quien mucho se rebaja, muestra el rabo”.

Saturada por el secuestro, la opinión pública se tapa los oídos, cierra los ojos y repite con el narcoparamilitarismo el mismo error de los años 70 y 80 con la mafia, cuando las clases media alta y alta se beneficiaron de la valorización de sus patrimonios, gracias al enorme volumen de dólares ilegales que entraban al país. Había una cierta complicidad silenciosa e interesada. Al final, Colombia terminó rehén de Pablo Escobar.

En los años recientes las políticas de Colombia y Estados Unidos parecían similares gracias a las inmensas estupideces de Bush. Sin embargo, la política americana comienza a cambiar y se despierta de las secuelas del 11 de septiembre. Algunos americanos se preocupan por la repercusión de una desastrosa política nacional frente al mundo, cada vez más hostil, y son más conscientes de lo fundamentales que serán las próximas elecciones presidenciales para el futuro de su liderazgo. Los artículos, libros y editoriales en los periódicos son tan duros contra la política actual que los planteamientos de la Senadora Clinton, “tan liberal”, hoy, quedan cortos para el momento.

Ese cuento de socio estratégico, entre otros, es un sofisma que crea la clase dirigente para mantener a Colombia bajo la influencia de Estados Unidos y al mismo tiempo defender sus propios intereses y no los del país. Esa ilusión es la misma que tiene México. Salinas de Gortari adoptó esa estrategia. Salió del Gobierno como ‘genio’ y ‘gurú’ del neoliberalismo y terminó huyendo del país para no ser encarcelado. Por donde se mire al México de hoy, se ve el fracaso de esa política; menos, claro, por el lado de los megabillonarios que produjo.

Sobre el 78% de aprobación del Gobierno con el cual el Vicepresidente anda sacando pecho en Washington, es bueno recordar que los pueblos también se equivocan y pagan precios altos por esta ceguera. Perú con Fujimori, Brasil con Collor de Mello y ahora Estados Unidos con Bush, son un buen ejemplo. El nuevo libro de Al Gore aclara ese punto cuando dice que el problema de Estados Unidos no es solamente Bush. Cuando un pueblo gasta 100 millones de horas por semana mirando basura en la televisión, el resultado no puede ser diferente.

Los columnistas salen con unos cuentos raros en los periódicos y revistas: “Colombia se asocia al diablo”, “Nos pagan con una bofetada”, etc. El problema es por otro lado: Estados Unidos, como bien lo define el Realismo, “no tienen ni amigos ni enemigos; solamente intereses”. Lula afirmó recientemente que los países pobres deben parar de mendigar y de sentirse víctimas y deben tener un poco de dignidad.

Desafortunadamente en América Latina hay pocos países con esa dote. Cuba, a pesar de todos sus problemas y limitaciones, cierto o errado, es uno de esos pocos. Venezuela, ahora con el Presidente Chávez, le puso un freno a los americanos y se diferenció de la política anterior de una clase dirigente corrupta y arrodillada. Brasil, debido a su mercado interno y los intereses de los grandes capitales americanos, mantiene una política independiente de Estados Unidos.

Por lo tanto, no debería sorprender que Chávez –con algunas correcciones a su comportamiento– consiga un cambio de percepción de parte de los americanos hacia él; y que Lula, con su equilibrio, encuentre en el futuro mayores afinidades políticas, para seguir siendo, ellos sí, los mayores socios estratégicos de Estados Unidos en América del Sur. Y Colombia, como en el pasado, quedará marginada y estigmatizada. No solamente por el problema de las drogas ilícitas, sino también por su ‘complicidad’ con el narcoparamilitarismo. La herencia de Uribe probablemente no pasará de eso.

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*Ingeniero; estudiante de Ciencia Política.
Comentarios: mq2125@columbia.edu

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pongale uso a su estudio en Ciencias Politicas y plantee soluciones a la realidad del Pais ya que segun ud. Uribe paso sin pena ni gloria.
Hagalo y cuente con mi voto.