lunes, 2 de abril de 2007

Somos pobres, ¡carajo!

Cualquier argumento vale con tal de negar que gracias a la miseria nuestros niños se mueren de hambre.

OPINIÓN

De Sumercé*
Especial para Un Pasquín

Sumercé ha estado callada, pero no en silencio. ¿Quién puede gozar de la quietud del pensamiento cuando vive en un país donde las palabras lo son todo? Esta semana el barullo arrancó con la muerte por hambre (desnutrición, que suena más bonito, dicen las autoridades) de un número indefinido de niños chocoanos. Han dicho que los niños muertos son veinte, dieciséis, diez y, para hoy, llevan la cifra en seis. Con eso, arreglan el lío. Como si por el hecho de que muera un niño de hambre, y no quince o veinte, el horror disminuyera.

Pero como las palabras no cesan, al mismo tiempo nos llega la increíble noticia de que en esta indolente finquita la pobreza ha disminuido. ¿No le creen a Sumercé? Pues miren como son las cosas, un sesudo estudio, presentado por la directora de Planeación Nacional, Carolina Rentería, muestra que hemos avanzado tenazmente en la erradicación de la pobreza. Los datos son contundentes: “la pobreza se redujo en 11 puntos porcentuales, al pasar de 56 por ciento a 45 por ciento entre junio de 2002 y junio de 2006”.

Traducción, gracias al mandato del actual Capataz de la Jinca, “en los últimos cuatro años se ha logrado reducir la desigualdad”. Eso afirma el análisis de Planeación Nacional y la Misión para la Erradicación de la Pobreza y la Desigualdad. Claro, claro, el tal estudio, como toda la palabrería que agobia a la Finca, tiene su truquito, que esa es la especialidad en esta tierra, muchas palabritas que pregonan verdades a medias y encubren mentiras totales. En este caso la treta está en los lugares escogidos para adelantar el estudio: las trece ciudades principales de Colombia. Ese es el engaño visible, porque vaya uno a saber qué otros tienen los magos de las encuestas bajo la manga.

De todas maneras, sólo por eso, difundir con bombos y platillos una investigación que explora menos de la mitad de capitales de los 32 departamentos del país; que sólo incluye 13 de los 1.070 municipios que componen la Finca, podría calificarse el estudio como una farsa más.

Pero si los niños muertos no hicieron sonrojar a la doctora Carolina Rentería al momento de presentar su examen sobre la pobreza, pues qué se puede esperar a la hora de preguntarle, ¿que cómo fue señora? ¿que cómo así que debemos considerar válida una “minuciosa investigación” hecha en menos de la mitad del territorio nacional? Nada. Para eso tenemos las palabrería que hará su trabajo. Como las palabras vociferadas ante los micrófonos pueden con todo, faltara poco para que nos digan que el estudio es cierto, cierto, y que los niños muertos no cuentan porque:

•Vivían en el Chocó un departamento que no existe en Colombia.
•Como se sabía que iban a morir, ni pa qué contarlos.
•En Colombia nunca ha habido Negros o indígenas. Que no salgan con cuentos.
•Si se murieron de hambre fue por culpa de los papás que descuidan el manejo de la dieta.
•Se trata de un fenómeno que nunca antes se había producido en la Finca y, con seguridad, no se repetirá.
•Eso les pasa por no aprender a alimentarse con los millones de balas en las que se invierte el presupuesto nacional.
•Como viven en un país donde no hay conflicto, pero sí se necesita plata pa la guerra, pues ellos igual ni vivían ni necesitaban comida o atención médica.
•Los dirigentes del Chocó les quitaron la platica pa comida, salud y vivienda porque resultaron unos tramposos, sólo los de allá porque en el resto de la Finca no pasa eso.
•Los órganos de control del Estado apenas ahora descubrieron que tenían que supervisar lo de la platica en el Chocó.
Claro, como insisten en tomar agua sucia del río, pero ¿quién les quita la maña? Por eso es que no vale la pena construirles acueducto.
•¡Bendito sea mi Dios!, desde la sede principal, la Casa Grande, se ha hecho hasta lo imposible para que esa gentecita deje de ser pobre: trabajo se les ofrece; salud, ni se diga; educación, gratis y buena por todos lados. Pero no se dejan ayudar. Ya no sabemos que mañas darnos pa que reciban la ayudita que con tanto amor les queremos dar.
•La Finca va bien, muy bien, todos vivimos muchísimo mejor, así que los dos niñitos (en eso terminará la cifra) que alguna vez murieron de hambre, sólo hacían parte de la campaña de calumnias de la oposición.

Y… mejor dicho, ni sigo. Porque el verbo con que tratarán –y conseguirán– echarle tierra a los cadáveres de tres niños que semanalmente mueren de hambre en el Chocó, podría apelar a argumentos tan inauditos que bien nada de raro tendría encontrarnos mañana con un titular de prensa donde se culpe a Pablo Escobar por la muerte de los pequeños. ¿Ah? ¿Que ya lo mataron? ¿Y eso qué? Cualquier argumento vale antes de admitir que somos pobres, ¡carajo!, y nuestros niños se mueren de hambre. Y lo peor: ni eso nos duele.

---
*Analista virtual de la realidad cruel.

No hay comentarios.: