lunes, 2 de abril de 2007

Señor Escritor


[Editorial] En medio de todos los merecidos homenajes que se le han ofrecido en estos días a Gabriel García Márquez, no han faltado quienes resuelven posar de originales, o rebeledes, o independientes, o escépticos, para emprenderla contra el autor, por distintas causas.

Los de derecha le recriminan su amistad con Fidel Castro; los de izquierda lo critican por su cercanía con Bill Clinton (“se rindió al Imperio”, dicen); otros le exigen obras para Aracataca, como si él fuera el alcalde; algunos más, le reprochan que viva en México; y no faltan quienes lo acusan de haberse convertido en un fenómeno de mercadeo.

Ninguno de esos reclamos vale la pena en estos momentos, porque ahora lo verdaderamente importante es el reconocimiento que se le hace no sólo en Colombia, sino en el mundo entero, a su capacidad creadora, a su indiscutible aporte a la literatura y a la vitalidad que le ha inyectado al idioma español.

La disciplina puesta al servicio de la inventiva han hecho del Nobel un Señor Escritor, por cuya obra se merece todas las palmas que ha recibido y las que falten. Lo demás son nececedades.

1 comentario:

God Loves Colombia dijo...

Estoy totalmente de acuerdo... el legado de Gabo no tiene precio.