lunes, 2 de abril de 2007

Los juegos de palabras

OPINIÓN
De Juan Manuel López Caballero*
Especial para Un Pasquín

La controversia interna del Partido Liberal en vísperas de su III Congreso muestra hasta qué punto en nuestro mundo político se busca con lo formal borrar lo sustancial.

Lo evidente es que al interior de esa agrupación existe una división profunda entre dos visiones de Sociedad y de Estado. Corresponden éstas a los núcleos opuestos en términos del pensamiento político: la Socialdemocracia y el Neoliberalismo.

La diferencia radical es que el uno analiza en términos del ser humano y su relación en la sociedad, mientras el otro centra su atención en el mercado y su importancia en el desarrollo económico.

Por eso suena algo insólito oír a César Gaviria proclamar que bajo su dirección se está buscando consolidar el carácter socialdemócrata de esa colectividad.

Nada tiene de objetable el tener la convicción que la libre competencia y el mercado son lo mejor como ordenadores de las relaciones humanas; uno puede pensar que es un criterio equivocado, pero eso no lleva a descalificar a la persona que así piensa.

Lo que sí puede verse como inconveniente es que se juegue con las palabras para confundir a quienes están ansiosos de orientación.

El actual Jefe Único dice que su diferencia con el sector hoy enfrentado es alrededor de las relaciones con el Gobierno, porque él defiende la ‘oposición constructiva’, a diferencia de quienes asumen la posición radical de estar contra toda propuesta del Gobierno. Y que por eso bajo su liderazgo se apoyan las iniciativas buenas y se combaten las que se consideran malas.

Es obvio que sin necesidad de buscar juegos de palabras; así debe actuar y actúa cualquier individuo y cualquier colectividad. Donde se establece la diferencia es en esas calificaciones de ‘buenas’ o ‘malas’ que se atribuyen a las diferentes propuestas.
Por eso aclarar en qué se distancian las dos vertientes del momento es más importante que el prurito de la ‘unión’, con el cual solo se busca ganar unas mayorías sin resolver las contradicciones.

De los temas centrales, las dos líneas convergen en los cuestionamientos al proceso de ‘Justicia y Paz’ y en el rechazo a la modificación del sistema de transferencias. Pero porque no caracterizan la controversia entre las dos corrientes.

En cambio, distancia a las dos opciones es la percepción sobre la función de la autoridad y las bondades del ‘pragmatismo’ versus la prioridad del sometimiento a las leyes y las instituciones; esto no solo como visión teórica sino como aplicación real, puesto que de por medio está la controversia respecto a la citación al Congreso (el respeto a los estatutos –a su espíritu y a su letra– o la habilidad para maniobrar saltándoselos); y respecto a las alternativas que se buscan como conclusiones, o sea, una dirección plural y un consenso sobre las reglas que puedan ser sujeto de dudas, o una dirección única y una delegación en el individuo que se elija, dándole poder para sustituir directrices y designar candidatos como actos oficiales del Partido.

Y mientras para la vocería ‘oficial’ el apoyo al TLC parece ser lo que los aproxima al Gobierno (tanto por convicción como por interés en buscar algún acercamiento al poder), ese argumento del supuesto potencial desarrollo económico por encima de consideraciones de equidad, de sus efectos sobre nuestras relaciones sociales, de soberanía, etc. es contrario a la definición ideológica y de principios que defienden los afines a la socialdemocracia (esto siendo de más importancia y relevancia que las controversias que además existen sobre sus bondades propiamente económicas).

---
*Economista e investigador.

No hay comentarios.: