lunes, 2 de abril de 2007

La libertad de prensa según Uribe
[y Enrique Santos]

OPINIÓN
De Vladdo
Director de Un Pasquín

La reciente reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa en Cartagena fue el escenario en el cual su vicepresidente, Enrique Santos Calderón, resolvió absolver de toda culpa a Álvaro Uribe, pese a los repetidos atropellos del Mandatario contra varios medios y periodistas.

Naturalmente, dicha actitud desconcertó a más de un colega, que esperaba que quien tenía en ese instante la vocería del periodismo de Colombia y del Continente, no sólo tomara distancia frente al irascible presidente, sino que le exigiera más respeto y garantías para el ejercicio de nuestro trabajo. Infortunadamente no fue así.

Perdón y olvido. Al tomar el micrófono para presentar al Presidente en dicho foro, Enriquito (apelativo que le calzaba divinamente para la ocasión), se refirió a Uribe diciendo que “no ha tenido un solo acto que pueda considerarse como un atentado contra la libertad de prensa y de expresión”. Como preámbulo de esta singular frase Santos había dicho que el mandatario era “frentero”, “amigo de la polémica” y un poco más pelión de la cuenta. Y luego vino la incomprensible absolución.

Por obvias razones, y pese a lo desafortunadas, estas declaraciones de uno de los periodistas más reputados del país, debió llenar de alegría e inmensa satisfacción al Mandatario, mientras sembraban el desconcierto entre los periodistas que hemos visto los no tan escasos ataques del Presidente contra quienes desde la prensa no tragan entero, y se toman el atrevimiento de contradecirlo, de confrontarlo, de fiscalizar su gestión.

Olímpica e irresponsablemente, Enrique olvidó las múltiples arremetidas uribescas –producto de su conocido mal carácter y su poca capacidad de autocrítica– contra los periodistas colombianos y extranjeros y de las cuales se tiene noticia desde antes de que el célebre chalán ganara su primera elección presidencial.

Allá y acá. Una de las primeras víctimas de la irascibilidad de Uribe fue el periodista de la revista Newsweek Joseph Contreras, a quien hizo expulsar de su oficina el entonces candidato, debido a la incomodidad que le producían las inquietudes del reportero.

Ya en la presidencia, Uribe también entró en cólera con Ángela Patricia Janiot, de CNN, por razones parecidas, lo cual obligó a la periodista a suspender una entrevista que le estaba haciendo. Y recientemente a Uribe se le iba saltando el taco en un reportaje radial con la BBC de Londres, poco antes de la visita de Bush.

Y si eso es con los extranjeros, con los periodistas colombianos la cosa no es mejor. Para empezar, baste recordar las declaraciones que dio Uribe sobre el ex congresista Carlos Náder, muy amigo del Presidente, y por cuyas amenazas el periodista Daniel Coronell se tuvo que ir del país. Luego de conocerse las denuncias de Coronell, Uribe salió a decir que Náder es un hombre muy simpático y divertido.

Fuera de casillas. Inexplicablemente, a Enrique también se le olvidaron los insultos de hace un año contra su hijo, Alejandro Santos, por las denuncias de la revista Semana sobre el ex director del DAS Jorge Noguera. En vivo y en directo, el Presidente no ahorró adjetivos para descalificar al periodista y a la publicación, pese a las incontrovertibles pruebas en contra del ex funcionario, al que el propio Uribe había enviado a un exilio, pero diplomático. Tal vez esa noche el codirector de El Tiempo tenía sintonizado Citytv, en vez del Canal RCN.

Y si Enrique olvida tan fácilmente semejantes agresiones contra su propio hijo, no se puede esperar que salga en defensa de otros periodistas ajenos a sus afectos como Carlos Lozano, director del semanario Voz, o Hollman Morris, a quienes Uribe ha señalado como cómplices de las Farc.

También sería ingenuo esperar que Santos le exigiera al Presidente que concretara las denuncias según las cuales la guerrilla y los paramilitares tienen infiltrado al periodismo, acusaciones que hace sin especificar nombres ni aportar pruebas y que lesionan gravemente esta profesión y ponen en evidente riesgo a los periodistas del país.

Estos ejemplos son más que suficientes para dejar sin piso la absolución que Enriquito hizo de Uribe, en un escenario que debió ser aprovechado para todo lo contrario: recordarle que como Presidente está obligado a ofrecer garantías reales para el ejercicio del periodismo en el país y para exigirle que se abstenga de atacar y descalificar a los periodistas y a los medios que cuestionan al gobierno y a sus funcionarios.

Si ya de por sí era grave que Enrique Santos le extendiera ese inmerecido certificado de buena conducta a Uribe, resultó peor todavía el hecho de que lo hiciera ante un grupo de periodistas, directivas y empresarios de medios internacionales que, ignorando hechos como los mencionados, se debieron ir de Colombia completamente desinformados. Cosa que resulta muy curiosa en una asamblea de periodistas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cambio a su hijo por un plato de lentejas.

Fernando dijo...

El autor de "El ascenso del hombre" dice en su libro refiriéndose a la Santa Inquisición:" ... estaban imbuidos de dos cosas que separadas no valen nada pero juntas son temibles: el dogma y la ignorancia...". Cualquier parecido con nuestro mesiánico presidente NO es pura coincidencia.