lunes, 2 de abril de 2007

De cómo fue divulgado en Nepal el Nobel
de García Márquez

RESEÑA
De Álvaro Montoya Gómez*
Texto desempolvado por Un Pasquín

Este artículo, publicado en la revista Al Día, relata los apremios que padeció hace 25 años Kirti Surya
Mahendra –el más grande crítico literario de Bhatgaon– tras conocer el anuncio de la Academia Sueca de
que el Nobel de Literatura le había sido otorgado a un escritor llamado Gabriel García.


Kirti Surya Mahendra, con sus 86 años y su bien ganada fama de intelectual puro, vivió las penas del infierno el 21 de octubre de 1982 y los siguientes tres días.

Más de seis décadas de trabajo como crítico literario en el cotizado periódico Hal Khabar estaban a punto de destruirse por una noticia que había escuchado en la madrugada de ese día en su poderoso aliado cultural, un radio transoceánico, único en su género en Bhatgaon y sus alrededores himalayescos. Por rara coincidencia atmosférica la transmisión de la lejanísima BBC, que estaba escuchando, enmudeció en el momento que acababa de anunciar el nuevo galardonado con el Premio Nobel de Literatura: Gabriel García. No tuvo, pues, oportunidad de conocer la nacionalidad y al menos el título de una de las obras del agraciado.

Kirti, el sapientísimo gurú de la cultura literaria de Bhatgoon, el mismo que en 1924 fue el primer comentarista asiático en referirse a la obra de Wladyslaw Reymont, en un extenso ensayo publicado sólo una semana después de conocida la designación de la academia sueca, no podía hacer el ridículo 58 años después de semejante éxito.

Dicho sea de paso, ese escrito lo consagró no solamente en el continente más poblado de la Tierra, sino que desconcertó por su erudición a los propios académicos que salvaron del anonimato a Wladyslaw.

Tal fue el impacto entre los promulgadores del Nobel, que se dijo que Kirti fue el culpable de que Grazia Deledda, Sigrid Undest, Erik Karfeldt, Halldor Laxnes, entre otros, engrosaran la lista de los galardonados.

Durante 96 horas Kirti vivió un drama inenarrable. Resolvió desaparecer mientras hacía todo tipo de peripecias detectivescas para escribir siquiera un párrafo sobre el nuevo y para él desconocido Nobel. No podía apelar a los servicios de inteligencia tradicionales que operaban en su país. Contar su secreto a la CIA o a la KGB sería estar irremediablemente acabado. Esa ganga no se la podía dar a los rusos y menos aún a los norteamericanos. Estuvo tentado de apelar a Scotland Yard, pero desechó la idea.
Destrozado anímicamente, pensó muy en serio su suicidio. No lo hizo porque nadie se puede suicidar dos días antes de tomar una decisión tan importante, y además se hubiera descubierto la causa de su autoeliminación, matando de paso su leyenda.

Kirti, desesperado se escondió en el último cuarto de su hermosísima casa de campo, después de haber repasado con alucinante frenesí su extensa biblioteca. Y sólo había encontrado un poema de Federico García, un panfleto agrarista de un tal Antonio García y una carta a García sin remitente.

Mucho trabajo le costó a Tushika, su fiel e introvertida ama de llaves, convencerlo de que abriera la puerta para darle algo de alimento y entregarle un libro que le había llevado de regalo su nieto Tilsi, quien había llegado esa mañana del 24 de octubre después de pagar servicio militar en un cuartel cercano a Church Crookham, al sur de Gran Bretaña, como todo Gurkha que se respete.

¡Buda cuida de sus críticos literarios! El libro se llamaba Seven Stories from Spanish America. Selected and introduced by Gordon Brotherston and Mario Vargas Llosa, y el primer cuento se titulaba La prodigiosa tarde de Baltazar, estaba en español, precedido por una nota sobre el autor: Gabriel García.

La reputación de Kirti Surya Mahendra se había salvado. Gabriel García no fue un anónimo en Nepal. Por primera vez las páginas literarias de “Hal Khabar” publicaron un cuento completo en español, precedido de una nota sobre el autor y firmada por Kirti.

Tilsi el Gurkha, el nieto de la fiel e introvertida Tushika, quedó sorpresivamente incluido en el testamento de Kirti, quien en este momento debe estar angustiado como hace dos años buscando algo de Jaroslav Seifert...

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* Publicado en octubre, 1984.

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