miércoles, 28 de febrero de 2007

Una visitica


La próxima visita de Bush será de apenas unas pocas horas como para que quede la constancia de que “sí nos visitaron”.

Opinión de Juan Camilo Restrepo Salazar*
Especial para Un Pasquín

Leo en un aeropuerto de los Estados Unidos una vistosa publicidad de una de las más importantes proveedoras de armamentos del Pentágono que dice orgullosamente: “Nosotros no olvidamos para quién trabajamos”.

Leo también en la prensa de aquel país (The Virginian Pilot, febrero 16) una destacada noticia en la que se revela cómo tres acreditadas firmas de auditoria que designó el Congreso de los Estados Unidos para conceptuar sobre las cuentas de la guerra de Irak acaban de concluir que cerca del 20% de los gastos hasta el momento auditados por ellas no tienen respaldo contable adecuado, obedecen a órdenes de entrega de suministros que nunca se cumplieron, o, simplemente, revelan fraudes o robos descarados al fisco americano.

La guerra de Irak le va costando al erario americano la friolera de US$350 billones. De ese gran total los auditores han mirado en las cuentas que respaldan contratos por US$57 billones y es acá donde han encontrado que cerca de US$10 billones (aproximadamente un 20% de las cuentas auditadas) no están respaldadas en entregas de equipos o de suministros efectivos; o dejan serias dudas sobre su transparencia.

Obviamente, debe haber muchos proveedores del Pentágono en este momento recordando muy bien “para quien trabajan”.

A todo esto habría que sumarle los cerca de 3.600 soldados que han muerto hasta el momento en Irak, la guerra civil que ha estallado en aquel país y que las fuerzas de ocupación no han logrado impedir, y el oso internacional de la gran potencia mundial que va camino a un fracaso igual o superior al de Vietnam.

Este es el tipo de cosas que tiene la popularidad de Bush por el suelo entre la ciudadanía de su país, y lo que explica que su partido haya perdido las mayorías en el Congreso en las últimas elecciones y muy posiblemente vaya a perder la presidencia en las venideras.

Por todo esto no es sorprendente que la semana pasada el Congreso Americano haya aprobado una moción (con no pocos votos republicanos además de todos los de la bancada demócrata) desolidarizándose de la solicitud presentada por el Presidente Bush para mandar 20.000 soldados adicionales a Irak.

El Presidente Bush que nos visitará el mes entrante será, entonces, un mandatario con una autoridad política mermada en grado extremo en su propio país. Un presidente de salida, sin mayorías parlamentarias, y que ha tenido a América Latina en un lugar opaco dentro de su agenda internacional.

¿Qué podremos esperar de esta visita? Bien poco. La ayuda a Colombia tiende a disminuir. Y la aprobación del TLC ya no dependerá de la saliente administración republicana sino de la cada vez más poderosa y aguerrida mayoría demócrata.

En esta visita (que como suelen acontecer con todas las de los presidentes americanos será de apenas unas pocas horas como para que quede la constancia de que “sí nos visitaron”) debemos mantener una actitud digna. Recibirlo con cortesía y decoro como corresponde a la tradición colombiana cuando nos visitan jefes de estado extranjeros. Pero sin hacernos muchas ilusiones ni levantar expectativas exageradas.

Y por favor: no recordar ni sacar pecho de que a Colombia le cabe el dubitativo honor de haber sido uno de los poquísimos países latinoamericanos que sumisamente votó en las Naciones Unidas a favor de la invasión de Bush a Irak.

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*Ex ministro de Hacienda y de Minas y Energía.

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