miércoles, 28 de febrero de 2007

Muerte y resurrección del liberalismo


El proceso 8000 he sepultado los ideales, las realizaciones y las aspiraciones de quienes creen que su camino vital puede recorrerse y abrirse bajo esa inspiración y en esa corriente del humanismo.

Opinión de Iván Marulanda Gómez*
Especial para Un Pasquín

La idea de vivir rodeados de libertades, organizados en sociedades que se gobiernen por decisiones y mandatarios que surjan de la voluntad de los ciudadanos, sociedades que difuminen el poder en instituciones que se equilibren, que se controlen entre sí. La idea de que esta nación se construya sobre acuerdos de convivencia en los que se garanticen el respeto a las diferencias y el principio de que los conflictos se resuelven por la razón y no por la fuerza. La idea de que Colombia tenga como paradigma la convicción de que todos nacemos iguales y somos iguales ante la ley, al margen de la condición social, del color de la piel, de las creencias religiosas y políticas, del género, de la cultura a la que se pertenezca. La idea de construir la existencia sobre fundaciones de valores éticos como la solidaridad, el respeto a los derechos humanos, al orden jurídico. La idea de que el pueblo constituya un Estado que surja de esos imaginarios, que los encarne, con poder suficiente para hacerlos realidad en todos los ámbitos de la nación y en el discurrir cotidiano. Con capacidad de intervenir para ponerse del lado de los más débiles de la sociedad e impedir que sean esclavizados o atrapados por la indignidad. Esa idea se llama LIBERALISMO y ronda las mentes de millones de compatriotas a lo largo de la historia.

Generaciones de colombianos, desde las propias luchas de independencia, han construido su existencia y las de sus familias impulsados por esos sueños y organizados en ese partido político para hacer valer sus derechos y sus anhelos y volverlos testimonios de vida tangibles y expresiones concretas de la sociedad. La modernización de Colombia en cada tiempo y a lo largo de casi dos siglos, la consolidación de las instituciones en democracia, el progreso, las reivindicaciones sociales de las minorías y de los que nacen en desventaja, la formación de convicciones éticas arraigadas en el respeto a la dignidad humana y en la libertad, la organización del Estado, han sido obra del papel relevante del liberalismo. No pocas veces a costa de sufrimientos enormes, de sangre, de martirios.

Eso y mucho más es el liberalismo en la historia y lo que debiera significar en el presente y para el futuro de los colombianos. Pero no. A cualquiera que le pregunten hoy en el país qué es el Partido Liberal, contesta que es el “proceso 8000”. Y ahí quedan sepultados los ideales, las realizaciones y las aspiraciones de quienes creen que su camino vital puede recorrerse y abrirse bajo esa inspiración y en esa corriente del humanismo.

Pocos colombianos como yo lucharon para que las instituciones de derecho, en medio del ciclón del “proceso 8000”, tumbaran del poder y llevaran a la cárcel a los responsables, empezando por quien usurpaba el cargo de presidente, elegido de manera espuria. Mis escritos publicados en la prensa de la época, los discursos que dije, los recorridos que realicé por el país con ese propósito, la infinidad de reuniones a las que concurrí, hablan por sí solos. No era fácil. Dirigentes que estaban en la misma trinchera fueron asesinados y por lo general todos, de alguna manera, fuimos perseguidos.

El país no se dividió entonces entre partidarios y adversarios de la persona del primer mandatario. Todos en Colombia éramos conscientes de que el personaje era inmoral e irresponsable. La polarización fue entre quienes estaban convencidos de que lo mejor para las instituciones y para el país era que ese presidente ilegitimo perdiese el puesto que no merecía y fuese juzgado por la Corte Suprema. Los del otro bando consideraban que el país se desplomaría, si se caía el presidente e iba a parar con sus huesos a la cárcel.

Ganaron los segundos, encabezados por empresarios emblemáticos con enormes poderes en los medios de comunicación. Les decían “Los Cacaos”. Eran ellos don Julio Mario Santodomingo, por aquella época dueño de Caracol Radio y Tv; don Carlos Ardila, propietario de RCN Radio y Tv; don Luis Carlos Sarmiento, el mayor banquero del país y quien paga una de las mayores pautas en medios; don Adolfo Arango, del Sindicato Antioqueño, del cual se puede decir lo mismo que del anterior; don Hernando Santos, Director y mayor accionista de El Tiempo. Todos ellos con inequívoco poder económico y mediático, iban a diario al Palacio de Nariño a ofrecerle su respaldo al presidente y mantenían a fondo sus gremios y sus aparatos de noticias y de influencia en la opinión, con sus nóminas de empleados, al servicio de la causa. Su brazo político era Horacio Serpa.

Respeto a estas personas y lo que hicieron por convicción, pero sigo pensando que se equivocaron. La prueba está al canto. Colombia no ha podido sepultar el “proceso 8000” porque siente que al final hubo impunidad. Hoy desfilan por decenas a las cárceles, sobre todo desde los partidos “uribistas” en el poder, congresistas, gobernadores, alcaldes, otros altos funcionarios públicos y falta ver quién más, por cuenta de la impunidad del “8000” que no hizo escarmiento en los políticos corruptos ni derivó en correctivos que impidieran el influjo de las organizaciones criminales en la política. La generación de hampones actual le agregó al anterior ingrediente del financiamiento de las campañas con ríos de dólares provenientes de la coca, la bobadita de masacres, secuestros extorsivos y fraude electoral en grande escala.

Y para rematar, el liberalismo, esos ideales de vida, esa historia gloriosa de luchas por darnos formas de convivencia decentes en esta nación, esa organización social y política del pueblo, quedó sepultada. Todo por cuenta de un personaje corrupto que se aprovechó de sus banderas para acicalarse con la mafia del narcotráfico y robarse las elecciones de presidente en 1994, sin recibir por ello castigo condigno de la justicia.

Si el liberalismo quiere resucitar y sus nuevas figuras brillar, deben sacar de en medio a Samper. La sombra de este personaje siniestro los entierra cada vez más hondo. Mientras permanezca entreverado y enredado entre ellos, reducirá la historia y la imagen del liberalismo en la memoria colectiva, al hueco negro del “proceso 8000”.
___
*Ex Constituyente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lamentablemente Sr.Marulanda usted ha sido uno de los responsables de permitir la caida del partido. Porque en los momentos en que mas se le necesitó, usted hacía acuerdos politiqueros con los conservadores para poder ser senador. O no recuerda usted su apoyo a Pastrana quien posteriormente apoyo a Uribe. O no recuerda usted su financiación en Nueva Colombia por cuenta de los cacaos. Todos son iguales. Una nueva generación relegada de la politica y sin tantos aspavientos debe cambiar las costumbres politicas. Las suyas y las de quienes gobiernan.