miércoles, 28 de febrero de 2007

Fernando Araújo, canciller de otro mundo


El nombramiento de Fernando Araújo Perdomo para resolver la crisis provocada por la salida de María Consuelo Araújo de la Cancillería indudablemente fue un acierto de la propaganda; pero un desatino desde el punto de vista de la política y de la lógica.

El señor Araújo Perdomo, cuya confusa liberación de las garras de las Farc todos en el país celebramos, estuvo no sólo privado de la libertad, sino también de la realidad durante cinco años en los cuales el mundo y el país se transformaron radicalmente.

Nadie conoce las secuelas psicológicas que pueda padecer el nuevo canciller y que en cualquier momento pueden aflorar, como ocurre en estos casos después de un trauma tan severo como lo es un secuestro.

En menor proporción, a Araújo le ocurrió algo parecido a lo de Terry Wallis, aquel gringo que después de 19 años en coma despertó creyendo que el presidente todavía era Reagan.

Araújo estuvo ausente del mundo durante sesenta meses y regresó hace menos de sesenta días, lo cual no es de poca monta en la vida de una persona; y es peor si va a desempeñar un alto cargo público en el cual el famoso contexto al que tanto aluden los políticos es fundamental. Y cuando se es canciller de un país ese factor es crucial a la hora de tomar decisiones.

El hecho de que Araújo sobreviviera a un injustificable secuestro de cinco años no lo vuelve idóneo per se para desempeñarse en ningún ministerio, y mucho menos en el de Relaciones Exteriores; a menos que, debido a la presión de la Seguridad Democrática, las Farc se hayan transformado en una escuela de gobierno.

Ahora, el deseo de Uribe de exhibir ante el mundo otra víctima del conflicto –como se presentan el propio presidente y Pacho Santos– es un cuento ya muy manido del que ya muchos gobiernos deben estar hartos. “Pobrecito yo, ex secuestrado, provengo de un país vaciado; ¡por favor ayúdennos!” es un mensaje populista y lastimero que de trillado pasó a ser aburrido y ya poco conmueve.

Y como si fuera poco, este Araújo no se ha podido liberar de un azaroso pasado jurídico, que en el caso de un canciller nunca es bien visto. Pero ese es otro tema. / Vladdo.–

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