miércoles, 28 de febrero de 2007

El abuso del poder presidencial


No se elige un presidente para que use el poder para defensas familiares. El caso de hijos y hermanos del ejecutivo haciendo de las suyas a la sombra del poder, tiene larga tradición.

Opinión de Ricardo Sánchez Ángel*
Especial para Un Pasquín

Lo que se ha escenificado con la virulenta arremetida del señor presidente contra los dirigentes de la oposición Carlos Gaviria y César Gaviria, y en particular contra el senador Gustavo Petro, es el abuso del poder presidencial.

Los señalamientos del primer mandatario sobre terroristas vestidos de civiles, cómplices de la guerrilla y otros han sido recurrentes en el lenguaje presidencial. A esto lo llaman, sin ruborizarse, los maquilladores del establecimiento, “debate ideológico”. Es decir, Gato por Liebre.

Esto es consecuencia lógica de un poder ensimismado, producto del golpe de estado a la Constitución, orquestado por la cortesana Corte Constitucional y refrendado plebiscitariamente por una mayorías electorales sometidas a la más descarada manipulación de la opinión a través de la televisión, la radio y los periódicos adictos y usufructuarios del poder.

El origen de la reelección fue un truco electoral y seudo-constitucional, acompañado de una orgía de dineros legales de los banqueros y terratenientes y orgía también de sangre del paramilitarismo, que logró la coacción multitudinaria del sistema. De acuerdo con el concepto de la analista Claudia López**:
La investigación de la Corporación Nuevo Arco Iris permite entender cómo se tomaron el poder los ‘paras’, unos vestidos de camuflado y otros de terroristas de civil, para usar la expresión de moda. A nivel local, a la par de su expansión militar, formaron nuevos partidos políticos, que se convirtieron en estrellas electorales mezclando votos del otrora cacicazgo bipartidista y la promoción de nuevas figuras. Mataron opositores, impusieron candidatos, metieron plata y, cuando todo eso no alcanzaba, alteraron los registros electorales para asegurar la victoria. Así llegaron al poder local y regional.
La estrategia local les dejó un saldo que estimo en un millón quinientos mil votos, los cuales fueron recibidos con complacencia para las elecciones a Congreso y presidenciales. Nadie les hizo el quite. Los políticos aman los votos, vengan de donde vengan. El Presidente es el campeón de esa teoría. “Amo los votos”; “Que voten mientras no estén en la cárcel”, dice, y ha recibido complacido ese caudal electoral.


Tan crudo y compartido criterio expresa parcialmente el alcance de la operación realizada como fraude a la democracia. Porque sus efectos son envolventes y su dinámica arrolladora sobre toda la política, el parlamento y la reelección presidencial.

Un cuadro de ilegitimidad en un escenario de bonapartismo presidencial consolidado con el espectáculo de una votación plebiscitaria y los medios de comunicación, salvo excepciones, aplaudiendo la farsa.

Conviene refutar el argumento de que el señor presidente se está defendiendo de agravios contra su familia. No se elige un presidente para que use el poder para defensas familiares. Las responsabilidades penales son personales y las políticas envuelven personas y grupos sociales. El caso de hijos y hermanos del ejecutivo haciendo de las suyas a la sombra del poder, tiene larga tradición en la crónica histórica con resultados desagradables.

Pero hay algo más de fondo: el presidente tiene un poder constitucionalizado y no caprichoso, ni es aceptable su uso licencioso. Está obligado a proteger a todas las personas en su vida, honra y bienes, creencias y demás libertades, según establece el artículo 1º de lo que queda de la Constitución. Y el primado del poder presidencial en la Carta Política está enjaulado en estos límites precisos:
El Presidente de la República simboliza la unidad nacional y al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos.

Tengo para mí que con el ataque difamatorio al Polo Democrático Alternativo el señor presidente está incurriendo en un abuso de poder.
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*Profesor Asociado Universidad Nacional de
Colombia; Profesor Titular Universidad Externado.

** “El Presidente guarda silencio. Los unos matando y los otros gobernando”. El Tiempo, febrero 13 de 2007

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