domingo, 28 de enero de 2007

“Patria, totalitarismo o muerte”: Hugo Chávez

Por Rafael Guarín*
Especial para Un Pasquín

La consigna “patria, socialismo o muerte” resume el oscuro futuro de la democracia venezolana y la amenaza que se extiende por la región. El discurso de posesión de Hugo Chávez dibuja más que un camino al socialismo una verdadera autopista al totalitarismo.

La mayoría de los latinoamericanos reclamamos cambios políticos, económicos y sociales, palabras que adornan profusamente la retórica bolivariana. Coincidimos con la urgencia de eliminar la pobreza, miseria, injusta distribución de la riqueza y del ingreso, la desigualdad de oportunidades y la exclusión, pero también en la defensa de la democracia. Al contrario, Chávez sugiere que la igualdad implica menos libertad, en ese sentido, la revolución no es más que un salto al pasado dictatorial.

Esa consideración no importa a prochavistas foráneos que reciben con gozo “el socialismo del siglo XXI”. Con ignorancia supina o creyendo idiotas a los demás, pretenden asimilar la socialdemocracia europea o la izquierda moderna de Bachelet o Lula con el modelo venezolano. Pasan por alto que Chávez acogió los procedimientos democráticos para desvirtuar la propia democracia. Adoptó una Constitución para hacer mofa del estado de derecho, centralizar absurdamente el poder y anular el sistema de pesos y contrapesos que caracteriza un régimen democrático.

La reforma constitucional que incorporará la reelección indefinida y modificará el marco de la actividad económica, la inminente aprobación de poderes extraordinarios a través de una “ley habilitante”, el vasto programa de educación (reeducación) socialista y la restricción a la libertad de prensa, profundizarán el deterioro democrático. Su resultado será la perpetuación en el poder de un partido comandado por el Teniente Coronel, la ideologización de la educación destinada a un nuevo hombre y mujer venezolanos y el desarrollo de un singular estado paternalista sustentado en los recursos del petróleo. Todo parece tolerable a los trasnochados izquierdistas latinoamericanos, con tal de hacer la revolución socialista.

Hay suficientes elementos que indican que un totalitarismo de extrema izquierda, diferente al socialismo estalinista, asoma sus orejas en el continente. Con la excusa de la unidad latinoamericana el proyecto bolivariano revela su naturaleza de pequeño imperialismo en ciernes. Chávez no cesa los esfuerzos por conseguir injerencia, influencia y dominio sobre los países cercanos por medios económicos, políticos y militares. A la diplomacia petrolera añadió la posibilidad, que le otorga la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional (LOFAN), de realizar acciones militares en otros países del continente con el fin de salvaguardar la supuesta integración.

Otro elemento que preocupa son sus socios. La coincidencia discursiva de Chávez y las Farc proviene de la década pasada, así como su relación con el ELN. Existen denuncias de la presencia de campamentos guerrilleros en territorio venezolano y del abastecimiento de armamento y material de intendencia a esos grupos por parte del gobierno. De la misma manera, inquieta la acogida de representantes de la subversión en el país. Eso, sin comentar las relaciones con movimientos que han desestabilizado otros gobiernos. Finalmente, Chávez es fiel discípulo de la combinación de todas las formas de lucha.

El hemisferio y especialmente sus vecinos deben observar con atención el bloque Castro, Chávez, Evo, Correa y Ortega. Su capacidad de perturbación está probada y el riesgo de que se consolide un modelo totalitario en esos países y se siga extendiendo, no es una fantasía. Ya sabemos cual es el itinerario: pobreza, partidos en crisis, corrupción, populismo, victoria electoral, asamblea constituyente y “revolución”. Con sumo cuidado hay que observar sus programas militares y las actividades encubiertas que pueden adelantar.

El cambio social es imperativo. Lo inadmisible es que sobre el lomo de la pobreza y las penurias los demagogos de izquierda y derecha cabalguen sin límites, que crean que solo con ellos es posible el bienestar y que “cueste lo que cueste” resguarden su poder. Aceptarlo equivale a consentir la supresión del estado de derecho y la democracia.

La frase “L'État, c’est moi”, que se debate si es de Luis XIV o sus enemigos, le va como anillo al dedo a Chávez; ojalá que no dure tanto en el trono como el monarca francés y que al final triunfe la democracia. Mientras tanto, por fortuna, la OEA y la Carta Democrática Interamericana tienen instrumentos para frenar la excitación totalitaria.

*Analista político.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo siento, pero lo que usted sobraya como "totalitarismo", como "peligro en expansion", de ningun modo es sinonimo de socialismo, y menos aun del proceso de Venezuela. Creo que debe tener un tanto mas de equidistantancia para habla r de los pactos de sus miedos de consumo. No lo jusgo, puesto que es un periodico de corte critico, más no lo absuelvo por el infranqueable muro que tiende entre sus conceptos, que no son mas que la repeticion de la repetidera, desde el periodico Eltiempo, hasta distintas revistas.


En fin, esperaba algo realmente critico, y de fondo real, de ral trasfondo... no mas satanizacion de los terminos, por favor.