domingo, 28 de enero de 2007

¡La Conspiración de derecha!

Por Enrique Parejo González
Especial para Un Pasquín

La publicación del documento llamado de Ralito y la divulgación de los nombres de los políticos que lo suscribieron, no debe sorprender a nadie. De tiempo atrás, los colombianos sabemos que existe una alianza cerrada entre los paramilitares y sectores importantes de la clase política.

Tampoco debe sorprender a nadie el hecho, a mi juicio delictivo, de que, a pesar de aparecer encabezado por la firma de los más conocidos y más sanguinarios paramilitares -acusados unos y condenados otros, de las más atroces masacres-, ese documento haya sido suscrito por conocidos jefes políticos de la Costa.

Lo que sí debe sorprender es que no aparezcan las firmas de todos los políticos uribistas que han declarado su voluntad de apoyar el remedo de justicia que se está llevando a cabo, a partir de la Ley de Justicia y Paz, en favor de los paramilitares y de la soterrada entrega a ellos de posiciones claves en la conducción del país.

Mucho menos debe sorprender que quienes suscriben el documento sean declarados uribistas y que en él se hable de la necesidad de “refundar la patria” y de establecer “un nuevo contrato social”. Se ve allí la inspiración ideológica de los paramilitares, que ellos dicen -y hay que creerles-, que es afín a la que le sirvió de base al doctor Álvaro Uribe para llegar a la Presidencia de la República.

Se debe recordar que el principal impulso que recibió su campaña presidencial se lo dieron muchos agricultores y ganaderos que, hasta donde se sabe, financiaron desde un comienzo las actividades ilícitas de los paramilitares. Hay, pues, un hilo conductor, que nos lleva de ciertos sectores políticos y gremiales uribistas a los paramilitares.

También se debe recordar que, aparte los políticos que estamparon su firma en ese pacto, algunos agentes del Estado se hallan vinculados igualmente a las mal llamadas Autodefensas de Colombia. Es bien sabido -y ha sido, en varios casos, demostrado-, que varias de las más horrendas masacres cometidas por los paramilitares, para vergüenza de los colombianos, contaron con la colaboración de oficiales de las Fuerzas Armadas.

Por fortuna para el país, la mayoría de los miembros de nuestros Cuerpos Armados no ha sucumbido a la tentación de asociarse a las Auc para fortalecer su lucha contra la subversión, que es el peor camino que puedan escoger con ese fin. El objetivo de derrotar a la guerrilla no justifica, en ningún caso, la complicidad con los criminales más peligrosos y más sanguinarios que ha habido en Colombia, en toda su historia. Esa alianza, así sea evidente que no compromete a todas las Fuerzas Armadas, degrada la dignidad de éstas, ante el país y ante el mundo.

Lo que se ha confirmado, al conocerse el documento de Ralito, es la existencia de una gran conspiración de sectores de extrema derecha con los más reconocidos paramilitares, para instaurar un régimen autocrático bajo la conducción de alguien que, como hemos dicho, interprete la filosofía uribista, en aquellas facetas que más coinciden con el pensamiento de las Auc.

Triste destino nos esperaría a los colombianos si no nos oponemos a que esa conspiración triunfe. ¿Será ella la razón por la cual se ha hablado en estos días sobre la conveniencia de que se apruebe un tercer período al presidente Uribe? La propuesta la han lanzado, a manera de globo de ensayo, los más representativos miembros de la plutocracia colombiana, que querrían ver en el poder, indefinidamente. a un presidente que, como el actual, les garantice pingües ganancias, y las más cómodas normas laborales que les permitan acrecentarlas aún más.

El presidente Uribe tiene el deber -y el pueblo y los sectores de opinión deben exigirle que lo cumpla- de decirnos a los colombianos si su política complaciente con los paramilitares, tiene algo que ver con la firma, por sus amigos de la Costa, del documento de Ralito, que es una especie de Carta Constitutiva de la Conspiración. Que esta vez le diga toda la verdad al país. Que así como muchos de sus amigos están confesando sus nexos electorales y hasta criminales con las Auc, él nos diga qué parte ha tenido en la Conspiración que se viene dando conocer, estratégicamente, a cuentagotas.

Y hay que hacerle un llamado al país -a esa parte del país que no se ha dejado embrujar por los artilugios del gobierno de la “seguridad democrática” o que ha mantenido dudas sobre las bondades de la administración actual-, que esté alerta y dispuesto a cerrarle el paso, por la vía democrática, a la nueva pretensión reeleccionista. Muy probablemente, la Conspiración que ha empezado a descubrirse es pieza de un plan ambicioso de algunas fuerzas uribistas para perpetuarse en el poder, y seguir al servicio de intereses que no coinciden con los de la mayoría de los colombianos.

Estamos ante una difícil encrucijada. De la actitud que asumamos los colombianos dependerá el destino de la nación. Nos corresponde escoger el camino que nos lleve al fortalecimiento de la democracia y del Estado de Derecho, hoy amenazados por la Conspiración uribista en ciernes y que nos aparte decididamente de quienes la favorecen.

2 comentarios:

Mario dijo...

Uribe fue elegido con el 22% aproximadamente de la población con edad de decidir mediante el voto. El total de la votación no superó la cifras de la abstención, es decir, es ilegítimo su mandato aunque legal. Si a las numeros señalados se le agregan los votos obtenidos por vías de hecho, como ocurrió en muchas partes del país en donde los paras y la derecha son poder, bueno la ilegitimidad aumenta y la legalidad se vuelve cuestionable. Ganarnos esa franja que no vota, esos ciudadanos desilucionados de ellos y de nosotros es una obligación consecuente

Mario Acevedo M

Anónimo dijo...

Me gusta su artículo. Sobre todo porque en la medida en que existan políticos capaces de ejercer una verdadera oposición, el pais pasará a una nueva etapa en su construcción democrática. Somos muy jovenes, nuestras instituciones no están blindadas contra quienes desde todos los extremos intentan aprovecharse del desorden y del terror que generan las armas. Gracias por oponerse.

Mario López Viveros
Madrid España