domingo, 28 de enero de 2007

De viaje por las obras del corazón grande

Por Diego Laserna
Espeical para Un Pasquín

Quiero empezar por darle gracias al presidente Uribe por mis vacaciones de fin de año. Quiero reconocer que durante la administración Samper o la administración Pastrana pasar por Ovejas, por Carmen de Bolívar o por Palomino habría sido imposible y que el hecho que un joven de Bogotá pueda conocer como vive la gente de su país en regiones recónditas es importante para que desarrollemos una conciencia social y dejemos el arremedismo progringo. Pero especialmente quiero agradecerle a los policías y soldados que difícilmente alcanzan mis 23 años y que tuvieron que pasar navidad y año nuevo al lado de una carretera para que miles de colombianos pudieran viajar por su país.

Pero no se aterren. Por más impresionante que haya sido mi paseo no me he cegado a la realidad que construye nuestro gobierno y el hecho de poder pasear por carretera no me hace pensar que este gobierno sea lo que el país necesita.
De hecho el paseo me fortaleció en el convencimiento de lo contrario. Desde Magangué, a Ciénaga o a Riohacha me aterró ver que entre la pobreza y el polvo lo único reluciente son las vallas de Dieb Maloof, Mauricio Pimiento, Héctor Julio Alfonso López y otros honorables miembros de la coalición de gobierno.

Me gusta viajar por Colombia pero no me gusta un gobierno que perpetúa en el poder una clase dirigente que en el mejor de los casos es ineficiente y en el peor criminal. Tampoco me deja muy tranquilo viajar por mi país mientras sé que las carreteras están flanqueadas por fosas comunes y que el gobierno de mi país no esta haciendo todo lo posible por que se sepa la verdad y que esto NUNCA vuelva a ocurrir.

Pero creo que la revelación más importante de mis vacaciones fue que entendí por qué hay tantos Uribistas en Colombia.
Los Uribistas miran el país hoy y dicen: “Podemos viajar por carretera, tenemos más seguridad y por lo tanto estamos mejor que antes”. Y hasta cierto punto tienen razón. Antes había la misma corrupción que hoy, la misma dependencia de Estados Unidos, la misma desigualdad social, el mismo elitismo pero no se podía viajar por carretera, hoy sí.

Entre los opositores del presidente Uribe (por lo menos entre los más sensatos) no hay ni uno que diga que poder viajar por carretera no es bueno para el país o que la seguridad no es importante, lo que pasa es que exigimos de un gobierno mucho más que podernos movilizar por las carreteras y sentirnos seguros. Yo por lo menos quiero vivir en un país donde nuestras decisiones importen más que los caprichos de los políticos gringos, quiero vivir en un país donde la educación (primaria, secundaria y universitaria) sea un derecho y no un privilegio, quiero vivir en un país donde la tierra esté bien repartida y donde mis impuestos no se vayan en pagarle la compra de ratas y alacranes al señor Moreno de Caro en Sudáfrica, ni las bacanales al señor Valencia Cossio en Italia.

Por lo tanto tengo dos cosas claras. Uno: el próximo gobierno, sea el que sea, para tener algún tipo de legitimidad tendrá que mantener los alcances del gobierno Uribe en materia de seguridad. Dos: mientras el gobierno Uribe siga trabajando por los grandes intereses económicos, mientras siga defendiendo los políticos tradicionales y mientras siga siendo el capataz de Estados Unidos en la región, yo seguiré haciendo todo lo posible por que Colombia lo cambie.

Ese cambio no vendrá por inercia y la crítica al gobierno si no está acompañada de una acción productiva para crear un país diferente es inútil. Que estos 4 años que le quedan a Uribe no sean cuatro años de quejadera y espera, que sean cuatro años de acción para una generación que puede estar más cerca de crear el país que queremos que todas las anteriores. Sino, votemos por Juan Manuel Santos y sigamos disfrutando del regreso a la finca.

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