domingo, 28 de enero de 2007

Colombia es pasión... sin compasión

Por Sumercé
Especial para Un Pasquín
Ni crean que voy a hablar de la Narcoparapolítica. ¿Para qué? Más se demora Sumercé en echarle cabeza a ver cómo cuenta el cuento de los Paras infiltrados en la política —¿o será los políticos infiltrados en las filas paras?— que los jornaleros de la Hacienda Colombia, en olvidarse del asuntico. Y eso que Sumercé habla de quienes siguen sucesos tan aburridores como el cuento de la corrupción en el Congreso, las enardecidas e inmediatas declaraciones del Patrón cuando se trata de las bombas puestas por “Laaaaaaaa Farc”; la mala suerte de los secuestrados; el silencio sobre los desaparecidos y el resto de temas jartos que pululan en esta caótica Hacienda. Porque el resto de la peonada, o sea la gran mayoría, está ocupada en asuntos verdaderamente importantes, como la copa sub 20 de fútbol, la última embarrada de Montoya o la selección de las modelos del próximo Colombia Moda.

Así que para alimentar el interés de la mayoría Sumercé hablará de la “pasión”, aquella que representada por un corazoncito rojo coronado por un par de cachos promueve, dentro y fuera de los linderos de la Hacienda, la marca de esta patria (como tanto gusta en llamar nuestro patoncito a su hacienda), acompañada del acertado slogan de Colombia es Pasión. ¿Qué otra cosa distinta a pasión es Colombia?

Hay quienes dicen que la pasión de este corazón simboliza lo que solemos llamar berraquera, otros que refleja dolor, sufrimiento (no olvidar la de Cristo). A Sumercé le da igual cómo se interprete el símbolo y el slogan, porque en la paaaatria sufrimiento y berraquera van tomados de la mano sin necesidad de definir si son sinónimos o antónimos. Eso es lo de menos. Aquí todo se hace con pasión y sin compasión. Por ello Sumercé estima que el corazoncito con su par de cachitos es un acierto que representa con absoluta fidelidad la pasión con que se nace, se vive, se secuestra, se desplaza, se mata, se ignora, se rumbea y muere en este lugarcito del tercer mundito.

Para enfrentar el caos nacional con berraquera, o para tener la berraquera de hacerse los locos ante el despelote generalizado, hay que tener pasión. Sino pregunten en el Congreso. El dizque finadito don Carlos Castaño advirtió hace rato que los Paramilitares tenían por lo menos un 30% de representación en el Congreso de la República y… ¿qué pasó? Pues ¡nada! ¿Quién iba a gastar energía en averiguar si los Paras tenían el 30 ó el 50% del Congreso cuando se disputaba el torneo nacional de fútbol y el campeonato mundial de la Fórmula 1? No, la energía se debía invertir en causas realmente importantes, como cantar el gooooooool de nuestro equipo o rezar para encomendar al Divino Niño a nuestro digno representante en la F-1.

Más pasión
En Colombia contamos con pasión para dar y convidar. La prueba está en que si ocurre la desgracia de que el fútbol baje de rating y la Fórmula Uno se nos convierta en una carrera de carros chocones, contamos con otro tipo de eventos que alimentan la mencionada pasión del pueblo. Uno de los infalibles, hasta hace pocos meses, consistía en entretener al respetable público con su buen par de atentados de las FARC, oportunamente desactivados por las fuerza pública. El número funcionaba súper bien para exaltar el ánimo de los peones. Pero, oh desgracia, ocurrió que por ahí salieron unos aguafiestas diciendo que algunos de los tales atentados eran purito cuento. Se explica Sumercé: que quienes hallaban los carros bombas y salvaban la vida de los ciudadanos y de nuestro Patroncito, eran ni más ni menos los mismiticos que los habían mandado a poner. Y cómo si eso fuera poco, dizque a quienes ponían la carita a la hora de la detención y su respectivo video registro, no les pagaban lo acordado. Mejor dicho: ¡los tumbaban! ¡Qué horror!

Denuncias que el respetable público recibió con su fogosidad natural y por tanto exigió a quienes administran el pasionómetro nacional aclarar el asunto. La exaltación no dejó otra salida: tocó ordenar que se investigara el cuento de los recientes “falsos positivos” hasta “sus últimas consecuencias”. Y pues sí, en ello se centraron los investigadores durante un buen ratico, destapando una ollita maloliente por aquí y otra por allá. Cuidando, claro está, de mantener en el olvido que no es la primera vez durante la administración de nuestro bien amado Patrón que se descubren “falsos atentados” (o positivos como gustan en llamarlos ahora).

Nadie habló de los “falsos positivos” de la Costa por los cuales fue acusado ni más ni menos que el director del DAS del Atlántico, Emilio Vence Zabaleta. Y mucho menos de lo que se descubrió después: que Vence Zabaleta había sido destituido en 1999 del cargo de director seccional del DAS en Sucre porque se le vinculó a varios procesos sobre violación de derechos humanos. Asuntico que no representó ningún obstáculo para que en 2003 el Director del DAS, Jorge Noguera, lo reincorporara a la institución y, además, lo nombrara director seccional en el Atlántico.

Eso, Señores y señoras es ¡pasión!, y de la buena. Porque, no nos digamos mentiras, la adrenalina que debió descargar Vence Zabaleta no la conoce ni el Rambo de las primeras películas. Pasar de director seccional del DAS a funcionario destituido, de echado a reincorporado en la misma institución pero en cargo más alto, de exitoso desmantelador de atentados a hacedor de atentados y, además, como si faltara algún excitante ingrediente en esta historia, ser señalado de tener nexos con los Paramilitares y de presuntamente haber cometido peculado es… ¡candela pura! Más pasión en la vida de una sola persona, imposible. Aunque, claro, el arrebato sólo dio pa’l escándalo del día porque luego, lueguito, la historia se refundió entre el torneo de fútbot, la copa tal y pascual, los chismes de farándula, la sutileza de Montoya y las puntuales declaraciones de Pachito, hasta que la noticia de que la justicia le había otorgado a don Vence su casita por cárcel, prácticamente pasó desapercibida. De la misma manera que la exhaustiva investigación sobre los últimos falsos positivos se desvaneció entre la barahúnda de la trastornada Hacienda. Y, en consecuencia, ya nadie los recuerda.

Ah, pero estos sucesos ratificaron una vez más lo que anuncia el corazoncito con cachos que Colombia es Pasión… sin compasión. Porque para otros, como el pobre reciclador Alfonso Zambrano Puello, acusado de querer perpetrar uno de los atentados oportunamente desmantelados por Zabaleta, lo que no le garantizó el corazoncito de la pasión fue una gota de misericordia. Este reciclador a quien le encontraron dos rockets hechizos que, según dicen ahora, fueron introducidos en su carretilla por miembros del DAS, fue condenado por los tales atentados a cuatro años de cárcel que no le debieron producir ninguna emoción, porque como a él, a diferencia de Vence Zabaleta, sólo le dieron cárcel por cárcel… Y, luego, cuando ya había pasado sus añitos en la cárcel y resultó que el tal atentado que pensaba realizar sólo existía en la imaginación de Vence Zabaleta, se le dijo, con la mano en el corazón, que qué pena, que bien pueda salga de la cárcel y que, fresco, deje que su corazón lata con alegría porque para eso usted hace parte de un pueblo que es pasión, aunque no tenga ni remota idea de qué es la compasión.

3 comentarios:

Mario dijo...

Muy buen artículo, me gusta, lo comparto plenamente. Esto los vemos todos en Colombia, pero lo que no me explico es porque ni Arismendi, Ni Gossaín los ven, menos el procurador y los principales directores de noticias. Y los organismos gremiales de los periodistas no ven tampoco el comportamiento de los periodistas que se hacen los de las gafas ante tanta evidencia. Faltan dos datos muy significativos de estos modus operandi del sistema: el asesinato de Liliana Gaviria y la Bomba colocadoa en la U Militar.

Alejandro Jaramillo dijo...

Los colombianos y colombianas apasionados viven un país ficticio en el cual hay desarrollo económico y emprendimiento pero ya no hay personas en situación de desplazamiento por la violencia ni narcotráfico ni conflicto armado, ni personas secuestradas.
Estas víctimas de las pasiones cruzadas del conflicto armado colombiano no son colombianos apasionados, no cuentan dentro de la marca de la pasión, no pueden venir a adorar y digerir este fetiche / signo. A este espacio sagrado sólo pueden acceder quienes apasionadamente han sido indolentes ante este sufrimiento de corazones que sí laten y bombean sangre.

Pagina Web dijo...

Que gran articulo.

Felicitaciones