domingo, 28 de enero de 2007

Atrapados sin salida

Por Rafael Pardo Rueda
Especial para Un Pasquín

El vaivén del escándalo para–político a veces nos deja sin espacio para otros temas que son cruciales para la vida de la Nación. Uno de estos temas surgió de nuevo con un informe de Fedesarrollo sobre la situación de pobreza en el país. Se advierte que quien nace pobre, de padres pobres, muy seguramente morirá también pobre. Es una tragedia de una sociedad bloqueada y que ofrece pocas perspectivas a los más desfavorecidos. La educación se postula como el medio más efectivo para romper la barrera de exclusión y parece haber cumplido un papel muy modesto para promover ascenso socioeconómico en el caso colombiano. Educación que reproduce la trampa de pobreza puesto que la calidad no es uniforme.

La educación pública es de menor calidad que la privada, es decir los pobres reciben educación de menor calidad que los sectores más favorecidos. Así en lugar de ser instrumento para cerrar la brecha se convierte en un medio para amplificarla. Esfuerzos recientes son importantes y hay que resaltarlos como que van en dirección correcta. Bogotá, por ejemplo, ha dado pasos notables para mejorar a calidad de la educación pública. La reciente donación de Santo Domingo también es un gran paso en este sentido. Estos y otros son sin embargo casos aislados y las políticas públicas, que deben mostrar sus resultados en un largo plazo aún no muestran cambios.

La migración y el envío de remesas es una salida a la trampa que muchos colombianos han ensayado, con éxito. Otros, muchos menos afortunadamente pero con un efecto negativo inmenso, son quienes acuden a actividades ilegales para buscar el baloto que los saque de la pobreza. Lo más negativo del narcotráfico en la sociedad colombiana es la distorsión de valores que genera. La admiración por el enriquecimiento rápido y el desprecio correspondiente a los valores del trabajo duro y de educación son una de las peores secuelas del engrandecimiento mediático de los capos. El equivocado mensaje que produce la mal llevada negociación con los paramilitares acrecienta la sensación que mientras peores los crímenes, mayores los beneficios. Los paramilitares dicen su verdad, hasta ahora selectiva, pero siguen con sus riquezas a la vista de todos. Sin restitución de bienes obtenidos a través de la violencia no habrá reconciliación de verdad. “El delito sí paga” es el equivocado mensaje que infortunadamente va quedando.

Pero volviendo al tema inicial vale la pena resaltar la importancia de una política de calidad y acceso a la educación para los más pobres. Solo habrá reales oportunidades sociales cuando una sociedad tenga a la educación como vehículo de progreso social. Un liberalismo de verdad tendría que insistir en este tema como el centro de su propuesta.

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