domingo, 28 de enero de 2007

Al lado del presidente

Por Iván Marulanda
Especial para Un Pasquin

No es agradable ver al presidente de Colombia en el área de candela de las reuniones de presidentes suramericanos, sometido a la impertinencia de sus colegas vecinos, que no pierden oportunidad de acosarlo y hostilizarlo, y hasta de faltarle al respeto.

No importa cuántos motivos den la política exterior del país ni sus protagonistas, con sus equivocaciones en las formas y en los conceptos, ni importa lo errado que me parezca el gobierno y lo desafortunado que considero para mi generación tener qué soportar ocho años de presidencia de Alvaro Uribe, años inútiles y turbios. De todas maneras él es el primer mandatario de Colombia y no le reconozco a ningún otro gobernante el derecho a irrespetarlo, porque considero que agravia a mi país.

El espectáculo de Río de Janeiro el viernes de esta tercera semana de enero de 2007 en la reunión de MERCOSUR, que puso en escena a varios presidentes de la región, fue deplorable y para los colombianos, inaceptable. Evo Morales, el gobernante boliviano, no tiene por qué hacer discursos en los que entrevere juicios suyos acerca de la política interna y la política internacional de Colombia, que son asuntos de los colombianos. No tiene derecho ni le corresponde hacerlo, no es de buenas maneras en la diplomacia, ni el personaje tiene la estatura intelectual y política para tanta impertinencia. Y luego, el quite “a la limón” con el que se lanzó al ruedo Hugo Chávez para sumarse a la corrida, exitado por las puyas y las banderillas con que el boliviano castigaba al presidente Uribe y de paso a Colombia, también resultó deslucido y urticante. Inaceptable.

América Latina en su tropicalismo y su inmadurez, le presenta al mundo por estos tiempos una nómina de gobernantes entre los que se cuentan varios, no pocos, de corte populista, exhibicionistas, parlanchines, extravagantes. Las naciones bolivarianas, incluida Colombia, ponen sobre la pasarela internacional ejemplares sobresalientes de estos perfiles, que por desgracia se juntan con frecuencia aquí y allá en ceremonias y reuniones de trabajo en las que no resisten las ganas de desplegar sus dotes histriónicas ni el afán de espectáculo y notoriedad que los conturba y desespera. Parecen estrellas de rock, personajes de farándula en trance de belleza y exultación bajo las luces y las cámaras que los arrebatan, y desesperados por la sed insaciable de publicidad.

La diplomacia es asunto serio y complicado que Colombia abandonó en sus contenidos científicos y políticos, por lo demás abstrusos y sofisticados, para rendirla a los pies de niñas bonitas y zalameras, de la politiquería, y del protagonismo desaliñado del primer mandatario que se da abasto a sí mismo en las simplificaciones de la cartilla ingenua e insípida de la provincia antioqueña, que si acaso nos da para bandearnos los lugareños, pero que no alcanza para inspirar la política exterior del país.

Colombia debe ser consciente de que su encuadre es difícil en la escena internacional. Apoyó la guerra de Irak, algo estrambótico y absurdo, y se alineó de plano con Bush y los republicanos, el paquete más desvalorizado en el mundo y en los propios EU, hoy bajo el poder de los demócratas con sus mayorías en el Congreso. La abyección del gobierno de Uribe hacia este presidente texano, ampuloso y despistado, deja al país en condiciones precarias frente al resto del mundo, que no se cansa de despreciar y desairar al gobierno “yanki” y a sus aliados.

Europa no congenia con gobiernos guerreristas como el de Uribe, que miran con desdén los derechos humanos y desprecian el derecho internacional humanitario en sus alcances más sensibles, como los que tienen qué ver con el rescate de secuestrados y prisioneros de guerra, en el marco de conflictos internos. Ni reconoce la plena y cabal interlocución con estados implicados en relaciones insondables e inconfesables con organizaciones paramilitares culpables de delitos atroces contra la humanidad.

Para rematar, para Colombia se está volviendo inmanejable el tablero latinoamericano, cada vez más alinderado en la identidad socialdemócrata, distante y hasta en contrapunto con el gobierno norteamericano y su tinglado de organismos financieros multilaterales, culpables entre todos de embarcar durante años al hemisferio en el embeleco del neoliberalismo, sistema de gobierno nefasto, esterilizante para estas economías, envilecedor del tejido social y castrador de la política.

A todas estas no faltaba sino eso. Que sobre nuestras debilidades de política exterior se montaran mandatarios del vecindario que mezclan de mal gusto altanería, ordinariez y payasada. Es algo que los colombianos no podemos admitir, aunque no nos tenga felices nuestro propio gobierno.

3 comentarios:

Marta dijo...

Es lamentable que un demócrata "liberal" como Usted, Sr Marulanda, descalifique unas opiniones ciertas y necesarias, sobre la pesima política antidrogas, impuesta por E.U.Y obedecida, no solo por Uribe, sino por sus antesesor; Con el argumento de provenir de un personaje con "poca estatura política e intelectual". Cuál a su manera de pensar sería el estadista de "altura" para reclamar en cualquier foro mundial; más respeto y responsabildad a la hora de obedecer mandatos que lesionen a los colombianos y sus vecinos?
Será que se le chispotió, sin querer, queriendo su sesgo antiindigenista?
Marta Correal

Jaime dijo...

En que se basa para decir que el presidente boliviano no tiene la "estatura" intelectual ni política para hacerle críticas a terrible situación en que se encuentra Colombia?
Concuerdo con el comentario anterior de Marta.
Puede que Uribe sea el presidente de Colombia, pero de ahi a que lo deban respetar solo por ese hecho hace falta mucho. El respeto se gana con acciones no con títulos. Y las acciones de uribe en contra de nosotros los colombianos hace rato le quitaron el respeto.
Según su teoría un personaje de la clase de Pinochet merecía también respeto cuando era presidente de Chile aun cuando todo el mundo sabía las barbaridades que ocurrían en su gobierno?
Usted mismo en su columna enumera una seria de hechos que hacen que a Uribe se le pierda y no se merezca ningún respeto como presidente

Anónimo dijo...

Los mandatarios colombianos son responsables de los fracasos en Colombia. Temas como las burlas del mundo por políticas improvisadas en el país son asuntos que en este momento nos deberian importar menos que otros de mayor envergadura. Una política exterior que se fije en el fondo y no en la forma es lo que necesitamos. Políticos que no nos hagan bajar la cabeza. La sociedad colombiana esta muy por encima de quienes nos gobiernan.
Mario López Viveros